1
Puedo dibujarlo
la arena entre los dedos señala
el aire de tumulto
que la saliva pesada del polvo convierte en palabras
aún el mar hiede al basural que los pelícanos
arrastran
en su
infancia de plumas negras
y mi cuerpo huele al alcohol de la limpieza del
cuerpo
puedo ver mis movimientos prolongarse al cuello
diáfano del
conductor
el calor dopado en los ojos del trabajo del aire
la carretera
que los pocos árboles afirman
en el rostro apurado de la gente
en
gruesas chompas de piel
que el carbón no mina no desea labrar
más que la
música desbocada que algún oleaje
a rastras ha tirado de la boca de todos
sólo anoche éramos más de treinta los que esperábamos
de la mano de un
sampedro el verdadero color de los
vidrios
la legítima colonia del
cuerpo
el idioma que nunca cesa de estallar
Ah viento en estas túnicas de blanco
revienta
el pedal bajo esta bota charolada
tan sólo nieve en el cerebro y casi olvido
la llave que me pueda guardar
¿qué más deseo que el polvo digo yo?
el hilo ajado sinsentido que cruzo
empantanada y sin remedio
la
madeja apurada en los labios gruesos
de este Arenal que bendigo.
2
La camioneta se deslizó como un jabón en la bañera
la muerte disfrazada de poste
que un toldo posesiona en el cielo
Ahí
quedaron los tubos chamuscados
que forman un cordel momentáneo de gente
la hipnosis conjuntiva que me obliga a marchar
mientras el aire de todos
tararea la contradicción
y en las carretillas un boquete de voces
cuelga
del casco indiferente de un soldado
que la velocidad rescata en una mirada
de pesca
Los floreros de verduras disipando el estío
de las manos
tendidas
Las callosidades de mimbre esperando
el cambio intempestivo de
la luz
como si no fuera suficiente el herbolario que mi madre
invoca
para espantar lo que se resiste
La suerte hincada en la soldadura de zinc
que un huayno deshoja en el descolorido vertical
de la carretera
los
cerros de hormigón que llenan de plástico el alma.
3
Lima no puedo desprenderme de ti no puedo hablarte
teniéndote de espaldas mirando la más dura
de las paredes
Las
señales que se avecinan sólo empujan autos
que se concentran en raudales de
humo que no contengo
ni disipo
en las inconmensurables tintas que ya
intentan
vestirme como el termómetro de un discurso
por demás agotado
Lima yo sólo quiero el naranja que me trae
la buena nueva de repartir
los fluidos primordiales
en la cresta de estos cerros de abanico
El
puesto del gusano en la gasolinera
El roedor que tiende su cola de
extremidades laxas
y huye desesperado a derretirse en las costas
amarillas de cualquier carne
A ti espero llegar percibiendo nada menos
que
mi cuerpo condenado a la inexactitud de la arena
convertido en la
arena de los párpados
que todo lo ven.
Les invitamos a colaborar con nosotros proponiendo nuevos nombres de escritores hispanoamericanos contemporáneos a editor@hibridoliterario.com.