
Se dedica a la docencia y ha desarrollado talleres de creación literaria para la Universidad de Lima, el Museo de Bellas Artes, entre otros. Ha sido colaborador cultural para la Comisión Peruana de Colaboración con la UNESCO. Es autor de libros de gramática, ortografía y redacción: La magia de las palabras y Ortografía para todos . Ha publicado el libro de relatos Epistolario de Javier...y otros cuentos Ha sido premiado en el concurso de cuento Las Mil Palabras de la revista CARETAS y en el concurso Julio Ramón Ribeyro organizado por la ACJ
Listo carajo, ya salió la orden, todo el
pelotón a romper la madre, lo ordena el Mayor: golpe a todos los revoltosos, sin
contemplaciones. ¿Y Liliana? habrá que romperle la boca por haber dicho que no
me quería, esta noche, apenas la vea. Suenan las sirenas y entonces los escudos
en alto. El sargento Carrasco dispara dos lacrimógenas y el Mayor dice que dos
más, a las mierdas esas de la otra esquina. Los curiosos se dispersan porque
sino empiezan a llorar. Liliana, ¿pero cómo pudiste hablarme de esa manera? Un
aire caliente recircula por toda la avenida y se oyen los gritos del Mayor que
se está arrancando los bigotitos uno por uno, está enojado: cabrones. Seguro que
Liliana siempre sospechó, cojuda, y usted: cojudo Santillana, en qué mierda
piensa, entre a la candela y traiga detenidos. Te amo, Liliana.
Un grupo de
policías se disloca a la carrera tratando de cercarlos, pero los revoltosos son
rápidos: carajo, ya han ganado la otra calle y, parapetados detrás del gentío
confuso y asustado: tírenles piedras muchachos, son la represión, cuiden a las
mujeres, siempre de a dos y si los cogen, pico de cera, y cuidado con ella, la
del pelo largo y los pantalones finos, la más rabiosa, la más riquita, la que
dice que ha descubierto su destino con los pobres de su pueblo, si no la sacan
va a caer
La plaza se ha jodido, la turbamulta se encabrita con el humo
picante, quién es quién, que vaina. Los autos han sido desviados unas cuadras
antes, el cordón policial se está cerrando sudorosamente, se rompen pancartas y
banderas rojas, y hay rabia y miedo y también Liliana con sus besos alocados en
la boca, en el cuello, y sus manos como papel crepé, cariñosa, Liliana, y luego,
carajo, tus ojos indignados, tus dientes de gata, agrediéndome, odiándome: tú
eres un sucio policía. Carajo Santillana, más vivo, éstos son duros, habrá que
romper costillas y, claro, hay que tener cuidado con los periodistas que siempre
están jodiendo !Qué ladillas, Santillana! !Zas! fotos cuando le sacas el ancho a
un pendejo y ojito cerrado cuando los pendejos te abollan en mancha. Hay que ver
cómo son las cosas de falsas, Liliana, primero como que me amas y hasta haces el
amor conmigo, y yo, seguro de que ya eres mi mujer y punto. Tú no me haces
preguntas sobre mi vida y yo tampoco sobre la tuya, tiempos modernos, Liliana.
Yo te callo lo de policía porque no lo supongo tan grave y sin embargo tú, ya
con los ojos rabiosos: policía de mierda, defensor de burgueses. Liliana, no hay
derecho ¿Acaso no hay cosas más importantes entre los dos? Pero tú: bastardo, no
puede haber nada entre tú y yo. ¿Y nuestra noche en el hotelito con ducha
caliente y todo? Y ahora comprendo tu lenguaje indiferente a la lucha del
pueblo, carajo, Liliana, ¿Y de dónde mierda entonces salí yo?, sucio policía,
sucia la vida, Liliana, y también enredada, confusa, como un círculo que da
vueltas y vueltas hasta que nos arroja muy lejos, y sólo entonces, sólo allí,
sabrás que el círculo seguirá dando vueltas jodidas igual, Liliana no te quiere,
Santillana.
Los revoltosos se han reorganizado y avanzan en grupos inquietos.
Están repletos de piedras, piedras hasta en la boca, Santillana. El Mayor ya
casi no tiene bigotitos, qué jodidos, Carrasco, tenemos cuatro guardias con las
costillas rotas y una tanqueta malograda y el Mayor, quiero detenidos, muchos
detenidos, y ellos: por eso siempre de a dos muchachos, sin miedo a la
represión, con un pañuelo mojado en la cara, dispersándose rápidos, y cuidado
con la muñequita rabiosa, miren que si la detienen la pasan por las armas, hasta
el Mayor se matricula.
Los ojos pican y arden, la garganta pica, todo pica
por el gas y la tarde se va descolgando como clandestina y temerosa. Entonces
todos atacan como en las películas, ustedes los malos, nosotros los buenos y
luego al revés. El círculo constante Liliana, el juego en serio, ¿Me entiendes?,
y tú y yo en dos puntos lejanos girando y girando, yo soy un sucio policía, pero
júrame que lo tuyo no tiene un fango reseco en el borde de cada palabra, Liliana
bonita, uno hace lo que puede para sobrevivir y eso cuéntaselo a cualquier
imbécil de esos que te interrumpen la vida, como a mí. No fuerces muñeca,
quédate quieta, pegadita a la pared, olvídate de mi uniforme y yo me olvido de
tus odios confusos, bonita Liliana, no te vayas, mira que te hago escándalo,
¿Acaso tu piel suavecita y desnuda bajo mi cuerpo no valió nada? Te voy a seguir
hasta que me escuches, ¿Tampoco el taquito roto, la fiesta, el hipo, mis días de
franco, tu deseo?, Ven Liliana, hay tantas cosas ya.
"Santillana, con cuatro
a la derecha, por esa calle, agárrenlos" y !paf!, piedrón en el ojo: como un
hueco en el pómulo, carajo Liliana, tú no entiendes cómo duele esto. Se jodieron
mierdas, si hubiese orden de tiro. Asesinos del pueblo: Liliana. Una decena de
muchachos se dispersa por una calle estrecha y sucia, atrás los de uniforme
pisando los charcos verdosos y espantando perros, corriendo Santillana. El hueco
de la cara ahora se hincha como una pelota, como que las cosas se hacen más
chicas. Corran muchachos. Cae una silueta. "Agárrala Santillana", te jodiste
pendeja, ya te agarré de los cabellos. Un llanto finito, como un hilo, y luego
el rostro suplicante con los gestos, temblando, con los labios encendidos, casi
de rodillas y con un pie desnudo, muñequita, me quiero casar contigo, no me
rechaces, piensa en el círculo ¿Piensas? Las sirenas van y vienen, asustan,
Liliana dobladita, Santillana con una cara de cojudo. ¿Olvidarás muñequita?,
eres tan finita, la piel más suave que he tocado y ahora, como que te quiebras:
ya no seré policía.
Carrasco que se lanza sobre otro a media cuadra, y
Liliana llorando más, gritando a ratos, eres tan frágil muñeca, no debiste
meterte en esto, ¿Me aceptarás, Liliana?, quiero amarte mucho, y ella de
rodillas, agarrándome de la piernas, como besando mis botas: tu rostro mojado,
tu llanto, y Carrasco y los demás ahora más cerca: ya basta Santillana, no la
golpees así, la vas a matar.
Y todo por ti, Liliana, y por ese círculo que
nos ha estrangulado.
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