Abogado, poeta, ensayista y periodista. Fue miembro de los Grupos Neón y Vanaguardia. Dirigió la revista Sociedad Abierta. Tiene publicados poemas, ensayos y artículos en diversas revistas de la capital, y el libro de poemas, En los Sótanos del Crepúsculo (Centro Editorial de la Universidad de San Marcos, 1999) Actualmente ejerce la docencia, el derecho y la literatura en Lima, y forma parte del Consejo Editorial de la Revista Libertaria Acrata. Estos poemas son un adelanto de su libro Rosa de los Vientos de próxima publicación.
NORTE
Cuando encallé en el
sueño
éramos una serpiente huyendo entre los viejos edificios.
Su árido cuerpo eran los nuestros.
Su
espléndida lengua era también la nuestra.
Entre sus escamas nos adivinamos cercanos desde hace tantos siglos.
Allí estábamos, siseando, asaltando las aulas que nos fueron negadas.
Negadas como esta ciudad insomne que secretamente odiamos.
Aulas traspasadas por el polvo descalzo de los años
donde devorábamos el pálpito de normas y de códices.
En ellas invadimos las caderas perversas de la
musa,
sobreviviendo al naufragio sangriento de su vientre.
De sus paredes nos unimos a los que cercaban al
mundo con piedras y lemas que renacían como flores ocres y pérfidas, y
entregaban sus labios al fondo crepúsculo de vasos y botellas.
Descubrimos
en esta devastada estructura las múltiples variantes del amor: ocultos en
columnas, atravesando escaleras o latiendo detrás de las ventanas.
A veces embistiéndonos en los envejecidos vórtices del cemento que pretendía atraparnos y buscando reinventar ese reino que nunca quisimos, y que nunca fue nuestro, con gritos desesperados y dolientes como espadas.
¿Lo recuerdas?
Oh cómo te vertías en mis muslos, manantial de agua diáfana.
Cómo se aligeraba tu cuerpo sobre el mío, hasta ser un pétalo de aire o una rama que se dobla sin quebrarse.
Crecimos.
Y no fuimos más una serpiente lánguida
ni ave
ni viento ni eco del mar.
Sólo un semental sediento y poderoso
que
extendía sus músculos sobre el viento y lo inundaba con su constelado sudor.
En ese instante del sueño me detuve.
Estabas en el mismo mundo
que era para nosotros
el tálamo que Odiseo y Penélope hicieron con sus manos
y deshicieron con
esa misma pasión helada y anhelante
con que nos descubrimos.
Ahora has huido del sueño y del mundo.
Te llevas el rocío expuesto de mis manos, aquellas que definían la temperatura y consistencia de tus labios.
También las disputas donde nos advertíamos como amantes irreconciliables, más enamorados que nunca.
Entonces, no seré yo quien descubra tus páramos quebrantos ni tus cicatrices desnudas.
Tan sólo la penumbra que te desvela al nacer el alba.
Les invitamos a colaborar con nosotros proponiendo nuevos nombres de escritores hispanoamericanos contemporáneos a editor@hibridoliterario.com.
Participa activamente en movimientos asociativos de tipo juvenil,
sindical, cultural y de defensa del consumidor. Ha colaborado también con
numerosas emisoras de radio, TV y varios periódicos.
Ha publicado en papel:
Poemas de la Red y Camino de la Luz, entre
otros libros de poesía. Actualmente dirige una editorial, El Taller del
Poeta Fernando Luis Pérez Poza , destinada a publicar en papel a
autores noveles, especialmente poetas, que suelen ser los grandes olvidados de
las editoriales grandes y tradicionales.
Hoy el dolor sabe a andén,
a vía muerta, a tren
sin carril,
a corazón hueco de asesino
y bomba desahuciada.
Hoy la vida huele a nudos,
a nudos de sangre
coagulada
y mar batido de angustia,
a estampida de miedo.
La muerte camina en espiral,
es soledad espesa
atrapada
en un lento amasijo de hierros,
es una pócima fatal, un largo
otoño
que revienta el aire
y gira en remolinos ciegos.
¿En qué estación
se bajó la conciencia?
¿De
qué almanaque
robó su tiempo el asesino?
¿Qué tren será capaz
de
atropellar a la muerte?
Duele, el dolor, duele,
saca punta a la médula
y rebaña la cal del hueso.
Duele, el dolor, duele
a laberinto de
círculos
y profunda tiniebla.
Marzo 2004©Fernando Luis Pérez Poza
Pontevedra.
España
EL VIEJO REMOLINO
Sólo ceniza, sólo sombras disueltas
en la
fugitiva latitud, en el aire.
Sólo el eco forma parte del tiempo
y prolonga
el disfraz de la tiniebla
o pule la oxidada arista del metal
o vuelve
confuso el mármol.
El viejo remolino del reloj
te atrapa, te lleva
lejos, demasiado lejos,
allá donde las llamas del dragón se hielan
y las
manos desnudas del abismo
estrangulan sin pudor el calendario.
¿No ves cómo se vuelve azulada la polea
y una
risa hermética de nudos apretados
retuerce sin tregua el cuello del destino?
Inútiles, caen a tumbos los versos,
resbalan
por la lengua del búfalo,
rodean el vértice de la nada
y se estrellan
lentos en un muro de papel.
Entonces se detienen las alas
y las horas
dejan de volar
y el corazón late brillos de cometa
y galaxias nuevas de
origen oceánico
se mueren en el mismo momento de nacer.
Así es la chispa que ilumina el círculo,
breve
y fugaz como una gota que estira la nariz
y huele a barranca húmeda.
Febrero 2004©Fernando Luis Pérez Poza
Pontevedra. España
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